ARA / Elevación
Ficha técnica
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Acerca de esta obra
Interpretación artística: en esta pieza, la mesa transparente de acrílico evoca un altar desmaterializado; en lo sutil, lo espiritual deja de permanecer oculto y se convierte en una presencia atravesada por la luz, que llama a la elevación de los sentidos. El mantel tejido en hilo de cobre representa lo sagrado y la preparación para el encuentro. Ahí, donde la transformación invisible del pan y el vino se convierten en presencia, surge un diálogo íntimo entre la materia y lo espiritual. El altar flota, suspendido en el espacio, representando la fragilidad y al mismo tiempo la permanencia de la fe. Invita a la reflexión sobre la eucaristía como acto de transformación y comunión, donde lo tangible y lo intangible convergen. ARA se convierte, así, en un espacio de contemplación: una mesa suspendida entre lo humano y lo divino, entre la presencia y el vacío, entre la ofrenda y la elevación.
Análisis iconográfico e iconológico: la palabra “ara” deriva del latín “altare” u “hotar”, que significa “elevación” o piedra de sacrificio. A su vez, la palabra “altare” proviene de “altus”, que se refiere a una elevación o estructura consagrada al culto religioso, sobre la cual se hacían ofrendas o sacrificios. En la Antigüedad, un altar era simplemente un montículo de tierra o piedra, o bien una tabla colocada sobre gradas, en la que se depositaban las ofrendas o se dedicaban sacrificios a la divinidad. En algunas civilizaciones antiguas, para designar a un altar de piedra, se utilizaba el término ara (plural, aras). Por ejemplo, en la Roma antigua los “Arae” eran altares donde se realizaban sacrificios, libaciones y ofrendas de comida. Los arae solían ser estructuras al aire libre, como el Ara Pacis (Altar de la Paz), dedicado a la diosa Paxera. Es notable señalar que algunos lingüistas también relacionan la palabra “ara” con la raíz indoeuropea “as”, que significa “quemar” u “hoguera”, ya que originalmente era el espacio donde se realizaban las ofrendas de fuego; de ahí que simbólicamente también pueda entenderse como algo que asciende o se eleva hacia el cielo como el fuego. Según la tradición católica, un ara era una pequeña losa o piedra consagrada (que contenía reliquias de santos), en donde el sacerdote extendía los lienzos sobre ella para consagrar la hostia y el cáliz. Actualmente, en el catolicismo se refiere a una piedra consagrada sobre la cual el oficiante extiende los corporales y celebra la misa.