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GALUTH / Exilio voluntario

GALUTH / Exilio voluntario

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Ficha técnica

Técnica
Botellas de vidrio rellenas de arena
Materiales
Barra de acrílico e instalación lumínica
Dimensiones
10.5 cm × 90 cm × 2.5 cm (prof.)
Año
2025
Disponibilidad
✓ Disponible

Acerca de esta obra

Descripción artística: los 40 días de Jesús en el desierto marcan un momento de inflexión en su vida, como un periodo de una intensa experiencia espiritual en la que se enfrentó a retos y tentaciones que probaron su fe y su nivel de compromiso con la voluntad divina. En esta pieza artística, he querido capturar simbólicamente la esencia de este pasaje crucial a través de 40 pequeños recipientes que contienen arena, cada uno con volúmenes diferentes, que designan los altibajos de la existencia humana, así como el nivel de compromiso, entrega y sacrificio con la misión personal. La arena es un elemento material que nos recuerda el origen y el fin humanos, evidenciando la fragilidad y vulnerabilidad de la condición humana, mientras que los diferentes volúmenes simbolizan los obstáculos y tentaciones que como humano experimentó Jesús durante su estancia en el desierto, lugar que señala la soledad en que el hombre debe enfrentarse consigo mismo. El escenario desértico contiene un profundo significado simbólico que designa el periodo de purificación, en condiciones extremas que aluden los problemas y sufrimientos cotidianos que el ser humano enfrenta como el mayor obstáculo para la búsqueda de Dios. El periodo de 40 días de Jesús en el desierto ofrece profundas enseñanzas sobre la naturaleza humana en el proceso de adquisición de la fe, en donde desarrollará resistencia ante las pruebas y fuerza de voluntad para superar las tentaciones, que le permitan encontrar un sentido de vida para comprometerse con la voluntad divina. Esta figura inspiradora, tanto para creyentes y no creyentes, nos invita a reflexionar con respecto a cuál es el propósito de nuestra existencia.

Análisis iconográfico e iconológico: la palabra hebrea [תוּלגָּ] “galuth” se traduce como exilio o cautiverio y proviene de la raíz hebrea [הלג] “galah”, verbo que significa revelar, descubrir o desnudar, lo que define la condición histórica del pueblo judío viviendo fuera de la tierra de Israel, que representa la [השודק] “kedusha” (santidad o separación de lo mundano). El valor numérico de la letra hebrea [מ] “mem” es 40 y es la letra inicial de la palabra [םימ] “mayim” (aguas), símbolo de purificación. La primera vez que el número 40 aparece dentro del texto bíblico es en el relato del diluvio; “Y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches” (Gen.7:12). Esta lluvia sirvió para purificar al mundo de la iniquidad, marcando el fin de una era y el comienzo de una nueva humanidad a través del pacto con Noé y su familia. La segunda vez que el 40 es mencionado es cuando el pueblo de Israel deambula 40 años, que indica un periodo de transición hacia un cambio de mentalidad de una generación en un estado de esclavitud (en Egipto), a una apertura mental de libertad y confianza en Dios, antes de entrar a la Tierra Prometida (Ex.16:35; Deut. 8:2). La tercera vez que el número 40 se menciona es cuando Moisés permaneció 40 días y 40 noches en la cima del Monte Sinaí, sin comer ni beber, como lapso preparatorio para recibir las tablas de ley (Éx.24:18; Éx.34:28). Y cuando Moisés envió a doce espías a explorar la tierra de Canaán, en una misión de reconocimiento que duró 40 días, trayendo un reporte negativo que causó miedo entre el pueblo, y resultó en el castigo de vagar 40 años por el desierto (Núm. 13:25). En el Nuevo Testamento se menciona el ayuno de 40 días de Jesús en el desierto, que representa el triunfo sobre las pruebas y la preparación espiritual para su misión (Mt.4:2; Mc.1:13; Lc.4:2). También lo encontramos en el pasaje de la resurrección de Jesús, que se apareció ante sus discípulos durante 40 días antes de su Ascensión (Hch.1:3). En la simbología bíblica, el número 40 representa transición, purificación y superación, que señalan el fin de un ciclo y el inicio de una nueva etapa de renovación espiritual. El 40 no designa un periodo definido, sino un lapso para el desarrollo personal que antecede a un acontecimiento importante.

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