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LOS SANTOS DE MI DEVOCION / Luces

LOS SANTOS DE MI DEVOCION / Luces

Precio a consultar

Ficha técnica

Técnica
Video (proyección digital)
Materiales
Duración: 2:37 minutos
Año
2025
Disponibilidad
✓ Disponible

Acerca de esta obra

Descripción artística: este video ha sido realizado con dibujos de mi autoría, donde el efecto de la animación digital hace que parezca que se tejen y destejen con un hilo hecho de luz que se transforma en la imagen de otro santo (Sta. Teresa de Ávila, Sn. José, Sn. Francisco de Asís, Sn. Agustín, Sn. Judas Tadeo, Sn. Martín de Porres, Sn. Antonio de Padua, Sn. Charbel Makhlouf, Sn. Pio de Pieltrecina, Sta. Faustina Kowalska, Sn. Carlos Acutis). Los santos son motivo de devoción para cada persona que se siente identificada con alguno de ellos, pues representan una virtud específica, una invitación abierta a la idea de que “todos estamos llamados a ser santos”. Los santos fueron personas que vivieron vidas llenas de espiritualidad en medio de circunstancias a veces adversas y que han sido reconocidos por la Iglesia Católica como modelos de virtud y ejemplos de fe. Según la tradición católica son intercesores ante Dios, y podemos solicitar su asistencia y protección para mitigar nuestras necesidades personales; se considera también que son modelos vigentes de conducta para alcanzar niveles más elevados de comunicación con Dios. Su importancia radica en que nos proporcionan inspiración en la vida diaria para acrecentar nuestra confianza en Dios y cultivar nuestras virtudes como individuos. Son un recordatorio de que la santidad es posible para todos, independientemente de cuáles sean nuestras circunstancias o debilidades personales.

Análisis iconográfico e iconológico: en sus orígenes, el cristianismo (siglos I a III) evitó el uso de imágenes debido a su herencia judía que rechaza el uso de ellas para el culto. El cristianismo primitivo usó símbolos como el [ἰχθύς] “Ichthys” (pez) para identificarse clandestinamente. Hacia el siglo III, se comenzó un tipo de arte funerario, como los frescos en las catacumbas, que representaba alegóricamente escenas bíblicas ocultas dentro de escenas mitológicas. Al legalizarse el cristianismo con el emperador Constantino, el arte cristiano adoptó elementos de la iconografía imperial romana para representar a los santos (Edicto de Milán, s. IV). En el Imperio Bizantino, durante la “Crisis Iconoclasta (siglos VIII-IX), se desató un debate sobre si las imágenes eran idolatría. Este conflicto fue resuelto en el II Concilio de Nicea (año 787), el cual legitimó el uso y veneración de los iconos al establecer que el honor rendido se dirige al prototipo (persona representada) y no a la imagen en sí misma. Durante el siglo XVI, las imágenes se volvieron fundamentales para instruir a la población analfabeta y también sirvió como respuesta a la Reforma Protestante (que rechazaba la veneración de imágenes).  El Concilio de Trento reafirmó su uso didáctico y devocional. La base antropológica y teológica del uso de imágenes se centra en el “misterio de la encarnación”; al creer que Dios se encarna en Jesús, la materia se santifica y es capaz de transmitir divinidad; el ser humano está conformado por cuerpo y alma, y necesita expresar realidades espirituales mediante signos y símbolos materiales. La imagen funciona como puente cognitivo y emocional entre creyente y santo. La imagen sagrada actúa de manera similar a una fotografía familiar que evoca el recuerdo para establecer una comunicación con el santo y solicitar su intercesión. Teológicamente, el cristianismo hace una distinción entre latría (adoración) —exclusiva para Dios— y dulía —veneración hacia los santos.

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