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LA TRAICIÓN / Por treinta monedas

LA TRAICIÓN / Por treinta monedas

Precio a consultar

Ficha técnica

Técnica
Vidrio templado
Materiales
cable de acero y cuerda
Dimensiones
100 cm × 14 cm
Año
2025
Disponibilidad
✓ Disponible

Acerca de esta obra

Descripción artística: la traición de Judas se interpreta de varias formas, incluyendo la ambición y el deseo de riqueza y poder, la deslealtad hacia el Maestro (encarnado en la figura de Jesús) y la influencia del mal. Esta pieza conformada por dos cristales suspendidos simboliza la dicotomía entre Jesús y Judas. El cristal transparente evoca la sinceridad del alma y la unión de Jesús con sus discípulos, mientras que la pieza que representa a Judas está fracturada, señalando la ruptura causada por la ingratitud hacia el amor recibido; también es una metáfora visual de las consecuencias de las decisiones erróneas del individuo, e indicio del alejamiento del camino del bien y la salvación eterna, designando a quien ha perdido su conexión con la fuente del amor y la misericordia divinos. Y que pese al arrepentimiento no ha podido soportar el peso de la culpa, consecuencia negativa de sus actos, y debido a su poca fe y falta de esperanza, ha caído en la desesperación que culmina con un trágico desenlace de su autodestrucción.

Análisis iconográfico e iconológico: el tema de la traición de Judas hacia Jesús es un asunto complejo de la narrativa bíblica. Según el relato contenido en los Evangelios, la traición de Judas es descrita en una secuencia narrativa integrada por cuatro momentos: 1) “El acuerdo” (Mt. 26:14-16), 2) “La predicción” (Mt. 26:21-25; Jn.13:21-27), 3) “El arresto” (Mc.14:43-45; Lc.22:3-6) y 4) “El arrepentimiento” (Mt. 27:3-10). Históricamente la figura de Judas Iscariote ha funcionado como el arquetipo del “traidor”, estereotipo negativo del “judío” construido por la tradición popular que relacionó el nombre de Judas con la idea del “judío” (Judas deriva de Judá). En la imaginería medieval, Judas fue representado con rasgos semíticos exagerados (nariz aguileña, barba oscura, ropajes amarillos o bolsas de dinero), lo que se usó para conformar el mito del “deicidio” y “la codicia” injustamente asociados con el pueblo judío. Historiadores y teólogos han señalado que las narrativas bíblicas malinterpretadas impulsaron ideológicamente el antisemitismo cultural, el cual legitimó la persecución y la violencia institucionalizadas en contra de los judíos durante siglos. Desde mediados del siglo XX, la mayoría de las iglesias cristianas, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, en la declaración “Nostra Aetate” de la Iglesia Católica, han trabajado en erradicar la enseñanza del “deicidio” y combatir el antisemitismo religioso. Hoy se comprende que teológicamente no puede imputársele a un pueblo el papel que un individuo tuvo en los acontecimientos relatados por los Evangelios. La historiografía ha reconocido que la figura de Judas fue manipulada por algunos sectores antisemitas de la élite social y el clero, justificando el odio hacia los judíos, y omitiendo el hecho de que tanto Jesús como Judas y todos los apóstoles fueron judíos, convirtiendo un drama histórico de la tradición cristiana, en un conflicto sociopolítico e interreligioso, que aún hoy tiene consecuencias.

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