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TETELESTAI / Consumado es

TETELESTAI / Consumado es

Precio a consultar

Ficha técnica

Técnica
Proyección en muro
Materiales
Imágenes en vinil sobre acrilico
Año
2025
Disponibilidad
✓ Disponible

Acerca de esta obra

Descripción artística: el Vía Crucis, o “camino de la cruz” es una devoción católica que invita a la meditación y contemplación de los momentos más significativos de la Pasión de Cristo. A través de 15 estaciones actuales, que recorren los momentos que Jesús vivió desde su condena hasta su muerte y resurrección, este recordatorio ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el sacrificio y el amor de Jesús hacia la humanidad. En mis piezas he representado cada estación del Vía Crucis a través de siluetas realizadas con el estilo de mis pictogramas, en corte láser y que se proyectan sobre la superficie del muro para destacar simbólicamente mediante el uso de la luz y la sombra; el esfuerzo y el dolor como parte del proceso de la experiencia vital del ser humano que al final rinde frutos. La sombra simboliza los obstáculos y adversidades en nuestras vidas y la luz simboliza la esperanza y la fe que nos guían en un camino espiritual. Cada pieza de la obra representa una estación que es un episodio clave en el recorrido hacia el calvario de Jesús; estas siluetas resumen la esencia de cada episodio para conducirnos hacia la reflexión que nos invita a la acción. La iluminación de las piezas alude a la luz que cada ser humano encuentra en su camino, aun en circunstancias adversas, recordándonos la importancia de la fe en la experiencia de cada persona que interpreta intuitivamente sus circunstancias de acuerdo con su perspectiva individual, donde la lógica es insuficiente para entender lo que experimentamos.

Análisis iconográfico e iconológico: Tetelestai [τετέλεσται] es una palabra griega traducida como “consumado es” o “todo se cumplió”. La iconografía actual del Vía Crucis se consolidó en los siglos XVI y XVII, desarrollada por el fraile franciscano Leonardo de Porto Maurizio, que definió las estaciones, ordenadas cronológicamente, y asignando una meditación fija para cada una. Oficialmente el uso del Vía Crucis fue establecido por el Papa Inocencio XI en 1686, mediante el breve apostólico “Exponit Nobis”, que otorgó a la orden Franciscana el privilegio de erigir estaciones en todos los templos, para permitir que los fieles que no podían viajar a Tierra Santa, obtuvieran las mismas indulgencias. En el siglo XVIII, el Papa Clemente XII estandarizó el uso de las 14 estaciones clásicas. En 1742, el Papa Benedicto XIV extendió el derecho de erigir el Vía Crucis a todas las diócesis e iglesias del mundo. En 1750, el mismo Papa erigió las 14 estaciones dentro del Coliseo Romano para conmemorar a los mártires, instaurando la tradición del Vía Crucis cada Viernes Santo. Sus elementos iconográficos son: la figura principal, Jesús con la cruz; los personajes secundarios, Virgen María, Simón de Cirene, la Verónica, los soldados romanos y las mujeres de Jerusalén. Sus atributos iconográficos de acuerdo al tema de la estación son: la cruz a cuestas, las caídas, el paño de Verónica con el rostro de Cristo y la corona de espinas. El propósito devocional del Vía Crucis es claro, ya que fue concebido como una “peregrinación espiritual”. La función principal de dichas imágenes era servir como vehículo para la meditación y compenetración con el sufrimiento humano simbolizado en la figura de Jesús. Su función didáctica, especialmente durante la Contrarreforma (siglo XVI), fue instruir a los fieles y reafirmar los conceptos católicos de la Pasión y el sacrificio. La simbología está relacionada con los siguientes temas teológicos: la aceptación de la voluntad divina (Jesús es condenado), el peso del pecado de la humanidad (las caídas), el valor de la compasión (la Verónica) y la redención (la crucifixión y sepultura). En 1991, el Papa Juan Pablo II incluyó una decimoquinta estación, la Resurrección, para darle un sentido de triunfo sobre la muerte. 

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